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miércoles, 29 de febrero de 2012

CONFIANZA, SEGURIDAD Y AUTOESTIMA

Hoy día la falta de seguridad, de autoestima, de confianza en nosotros mismos hace que dejemos pasar muchas de las oportunidades que se nos presentan en la vida, muchas de éstas nos llenarían de satisfacción. 


Únicamente cuando somos capaces de superar y afrontar esos miedos nos damos cuenta que éstos no eran para tanto; frecuentemente sentimos que nuestros miedos son más grandes que nosotros, que no vamos a poder superarlos, pero cuando somos capaces de identificarlos y enfrentarnos a ellos nos damos cuenta que tan sólo eran pensamientos irracionales creados por nosotros mismos.


Os dejamos con una historia para reflexionar sobre esto:


En un país lejano había un lugar casi desértico donde apenas llovía. Sus habitantes pasaban escasez y hambre. Separado solamente por un precipicio insondable había un lugar paradisíaco en donde crecían todo tipo de frutas y alimentos.






Un muchacho se acercaba al precipicio y lo recorría de arriba abajo mirando hacia el horizonte con envidia. Un día llegó a un sitio donde el precipicio se estrechaba y pensó que podía saltarlo si se entrenaba para ello. Se entrenó durante mucho tiempo, hasta que llegó a la conclusión de que ya saltaba a una distancia mayor que la dimensión del precipicio en aquel lugar.


Un buen día, intentó el salto pero, cuando llegó al borde, se paró asustado. Su corazón latía fuertemente y su estómago se le subía a la garganta, pensaba que había estado a punto de matarse. Siguió entrenando y, de vez en cuando, lo intentaba de nuevo, pero siempre le ocurría lo mismo. Pensó que lo que le pasaba es que no tenía seguridad ni confianza suficiente para poder saltar y, desesperado, pensaba y pensaba cómo lo iba a conseguir. Mientras su autoestima se iba deteriorando rápidamente.





Un día estaba sentado, deprimido, mirando al precipicio, cuando vio llegar corriendo a un paisano que saltaba limpiamente al otro lado. Se quedó con la boca abierta. Al cabo de un rato, apareció de nuevo su paisano con un saco de comida al hombro y saltando de nuevo el precipicio. El muchacho no pudo menos que preguntarle donde adquiría la seguridad, confianza y autoestima que le permitía saltar de esa forma el precipicio.


El paisano le contestó:


- "Hace un año estaba yo como tú mirando a este precipicio impotente y no me atrevía a saltarlo. Pero llegó un momento en que me dí cuenta de que o saltaba o mi hijo moriría de hambre por la falta de alimentos. Me lancé hacia la otra orilla dispuesto a morir si fuera necesario y casi, casi me mato. Me agarré al otro lado con la punta de los dedos, viendo el abismo que me llamaba. Pude subir al otro lado, cogí mucha fruta y volví. La vuelta es más sencilla, porque el borde de allí está más alto que este. Cuando vi de nuevo a mi hijo que sufría por el hambre que pasaba, me animé de nuevo. Esta vez estuve aún más cerca de la muerte, pero también lo logré. Así, fui saltándolo muchas veces y ahora ya no pienso en lo que me puede pasar si fallo, salto y ya está."


El muchacho, animado por lo que había oído, se lanzó a saltar. El miedo le atenazaba y casi se mata; pero logró cogerse a una piedra que salía en la pared y, con mucho esfuerzo subió, llegando al otro lado. Cogió la comida y comprobó que, efectivamente, la vuelta era más sencilla. Cuando llegó a su casa, la alegría de todos fue tan grande que al poco tiempo se animó a saltar de nuevo. Le salió algo mejor, pero con el mismo miedo que antes. También fue recibido con grandes muestras de alegría.





Cada día que era necesario, saltaba de nuevo y no dejaba de entrenarse. Al cabo de un año, un día que iba a saltar se encontró con un hombre que le miraba asombrado y le preguntó que donde había comprado la confianza, seguridad y autoestima que le permitía saltar de esa forma al otro lado.




CENTRO CIMA C/ RONDA 71, ESCALERA IZQ, 1º OFICINA G, GRANADA

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